miércoles, 19 de julio de 2017

El final de la guerra en Siria preanuncia nuevos conflictos

El búmerang catarí

Al bloquear a Catar, la familia Saud acató la demanda de Trump de romper con la Hermandad Musulmana, pero la aguda división de Levante amenaza su poder

La crisis desatada hace seis semanas entre Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, por un lado, y Catar, por el otro, se agrava día a día, generando una cadena de reacciones y desestabilizando a sus iniciadores. Acabando con el santuario catarí, la realeza saudí esperaba consolidar su hegemonía regional y asegurar que la sucesión venidera transcurra en paz, pero no dimensionó el alcance que tendría la crisis. Ésta es parte del tortuoso final de la guerra en Siria y de la subsecuente formación de nuevos alineamientos en Levante que Rusia y Estados Unidos intentan controlar. En el nudo entre las corrientes encontradas se encuentra hoy el pequeño emirato del Golfo.

Luego de que The Washington Post revelara el domingo que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) habían organizado en mayo pasado el hackeo de los servicios electrónicos de la Agencia de Noticias de Catar (QNA, por su sigla en inglés), para atribuir al Emir, Sheik Tamim Bin Hamad al-Tani, posiciones favorables a Irán, la Hermandad Musulmana y Hamás, el conflicto del Golfo Pérsico se trasladó al interior del gobierno norteamericano. Mientras que el Presidente Donald Trump había respaldado a los sauditas, el Secretario de Estado Rex Tillerson pasó casi toda la semana pasada viajando infructuosamente entre las capitales del Golfo en busca de un compromiso. Los EAU han rechazado la acusación, que deslegitima el bloqueo total que dispusieron junto con Baréin, Saudiarabia y Egipto el pasado 5 de junio.

El hackeo se produjo el 24 de mayo, apenas Trump en Riad condenó a la Hermandad Musulmana. Emiratíes, bareiníes y sauditas se sintieron entonces autorizados para bloquear Catar. Como respuesta, salieron a luz los intensos contactos entre el embajador emiratí en EE.UU. y la Fundación para la Defensa de las Democracias, un lobby pro-israelí con sede en Washington.

También los ministros de Exteriores británico, francés y alemán recorren la zona tratando de mediar. Los europeos temen la ruptura de la coalición antiiraní en el Golfo y compiten entre sí para sacar provecho de los cambios en la región.
Parece que la crisis detonó, porque en abril pasado Catar pagó a milicias suníes y chiítas en Irak y Siria un total de 900 millones de dólares, para rescatar a 26 rehenes cataríes y asegurar el traslado de civiles desde pueblos sunitas sitiados en Siria. Sin embargo, según la CNN, más importantes serían acusaciones mutuas de haber violado acuerdos secretos que los gobiernos de la región hicieron entre 2013 y 2014. Los bloqueadores acusan a Catar de estar apoyando a la Hermandad Musulmana en distintos países y a la TV catarí Al Jazeera de ser un órgano de agitación contra los regímenes regionales.

La Hermandad Musulmana fue refundada por la inteligencia británica en 1951 sobre la base de un grupo homónimo ya disuelto, para combatir al nacionalismo panárabe. Originariamente apelaba a métodos pacíficos, pero desde el surgimiento de Hamás en Gaza hace 30 años se radicalizó. Fuertemente reprimida en Egipto, la Hermandad tiene hoy sus bases principales en Turquía, Sudán y Catar, aunque sus milicianos combaten también en Libia, el Sahara, Yemen, Siria e Irak. Los sauditas los apoyaron intermitentemente, pero –presionados por Trump– ahora los combaten.

Cuando Riad y sus aliados decretaron el bloqueo, esperaban la pronta rendición de Doha, pero el activo apoyo turco, primero, y la apertura de Irán para los suministros a Catar, después, complicaron el conflicto. Aunque prudentemente, también Rusia interviene a favor de los civiles cataríes. Turquía, incluso, ha enviado mil militares a Doha. El pliego de 13 condiciones para levantar el bloqueo llevó, al contrario, a fortalecer la alianza turco-catarí y acercó a Ankara con Teherán.

Para hacer aún más compleja la relación de fuerzas en la región, el pasado miércoles 12 China informó que su primera base naval en el extranjero ha comenzado a funcionar en Yibutí. Se trata de una ex-colonia francesa situada enfrente de Yemen, en la conexión entre el Océano Índico y el Mar Rojo. Aunque sea para combatir a los piratas somalíes y asegurar el tráfico comercial con Europa, China se instala en Levante y al lado de una base de la Marina de EE.UU.
En su encuentro del 7 de julio pasado en Hamburgo Vladimir Putin y Donald Trump alcanzaron acuerdos aún desconocidos para regular sus conflictos, pero fueron inmediatamente torpedeados por sus adversarios internos y externos. La decisión de habilitar el estacionamiento de tropas norteamericanas en tres regiones del sur de Siria habría llevado al fin de la guerra en ese país, en tanto Estados Unidos habría dejado de cuestionar la ocupación rusa en Crimea, pero el pasado viernes 14 Benjamin Netanjahu rechazó el plan. Las nuevas sanciones adoptadas el martes 18 contra Irán y las altisonantes declaraciones antirrusas en el Congreso norteamericano tampoco contribuyen al aumento de la confianza mutua.

Al mismo tiempo, la detención el sábado 15 del hermano y asesor del presidente iraní Hasán Rohaní por delitos financieros es una advertencia de la inteligencia militar a los ayatolás, para que mantengan la distancia con los Hermanos Musulmanes, fuertes en Turquía, contra quienes combate Irán en Siria y Yemen.

Urgido por la búsqueda de éxitos exteriores, para asegurarse una calma asunción del trono saudita, el joven Mohamed bin Salmán (31 años), hijo del Rey Salmán y Ministro de Defensa, se equivocó por tercera vez en poco tiempo. Apoyó a los salafistas en Siria y fue derrotado, invadió Yemen en 2015 y está empantanado en una guerra sin fin. Ahora bloqueó a Catar, dividiendo Levante en dos bloques, fortaleciendo a Irán y aumentando la influencia de Rusia. No hay más margen de error.

Mientras que Moscú se mueve entre bambalinas, Washington está amarrado a ambos lados de la fractura. Teherán, a su vez, busca aprovechar la ruptura entre sus enemigos, pero está tironeado por el conflicto interno entre militares y ayatolás.

Si la crisis se prolonga, es previsible que Israel desempate provocando una guerra por delegación. Si turcos y sirios convergen sobre el norte de Siria, Tel Aviv podría empujar a la guerra a los kurdos en Siria, Irak y Turquía. El fin de la guerra en Siria preanuncia el comienzo de otra más abarcadora que puede acabar con la dinastía de Ibn Saud y aislar a Israel.

domingo, 9 de julio de 2017

En Hamburgo cambió el sistema de alianzas

 Más allá de la Cumbre entre Trump y Putin, apenas un poco más que nada
 El encuentro se focalizó en reuniones bilaterales, y entre ellas las de los mandatarios de EE.UU. y Rusia se llevó todas las miradas
Trump contó por Twitter lo que pasó con Vladimir Putin en la cumbre del G-20
Angela Merkel quería capitalizar en la campaña para la elección general de setiembre próximo los acuerdos que esperaba se dieran en la Cumbre del G20 en Hamburgo, pero el vandalismo del Bloque Negro y la tozudez de Donald Trump le robaron la escena. En el documento final difundido ayer sólo se alcanzó un impreciso acuerdo comercial y la constatación de la diferencia de opiniones sobre el cambio climático. La canciller alemana logró impedir que la Cumbre estallara, pero el comunicado final está lleno de aire.
Donald Trump estaba exultante, ya que, envuelto en una vaga defensa del comercio libre, el documento acordado lo autoriza explícitamente a aplicar medidas proteccionistas cuando lo considere necesario. A cambio, Washington se comprometió a concertar con sus socios del G20 la regulación de los mercados financieros. Al mismo tiempo, 19 de los 20 países ratificaron su adhesión al Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, mientras reconocían la opinión diferente de Estados Unidos. 
En su discurso final Merkel subrayó los acuerdos alcanzados para promover inversiones privadas en algunos países africanos y para apoyar a mujeres empresarias en países emergentes, pero todos coincidieron en que lo más productivo de estos dos días fueron los encuentros bilaterales. Quienes más aprovecharon esta modalidad fueron Vladimir Putin y Donald Trump con su encuentro del viernes a la tarde, pero los demás líderes no se quedaron atrás.
La reunión entre ambos mandatarios estaba planeada para media hora, pero duró dos horas y media. Se realizó a puertas cerradas y en ella sólo participaron los presidentes, sus intérpretes, el ministro de Exteriores ruso Serguei Lavrov y el secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson. Con la mira puesta en el público norteamericano, Trump comenzó inquiriendo por las interferencias rusas en la campaña electoral de 2016, pero Putin le respondió que no había pruebas y que mejor miraran al futuro. Que fue lo que hicieron. La mayor parte del tiempo la dedicaron a Siria, hasta alcanzar un acuerdo para el cese del fuego en el suroeste del país, en la cuádruple frontera entre Siria, Líbano, Jordania y los territorios del Golán ocupados por Israel donde al-Qaeda lleva desde hace semanas una ofensiva contra las fuerzas gubernamentales apoyada por la artillería israelí y las fuerzas especiales norteamericanas ingresadas desde Jordania. Si se produjera un enfrentamiento directo entre Siria e Israel, se desataría una guerra en gran escala que Trump y Putin buscan ahora evitar. También convinieron moderar juntos las crisis en Corea y en Ucrania.
Según informó más tarde el ministro Lavrov, conversaron asimismo sobre ciberseguridad, aunque, en realidad, ninguno de los dos lo toma muy en serio. Si lo hicieran, Washington debería reconocer que los últimos ataques informáticos fueron realizados con armas robadas a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) por un grupo que se hace llamar “Los corredores de Bolsa en las sombras” (Shadow Brokers) y que vende en las redes suscripciones para recibir periódicamente virus actualizados, sin preocuparse por su uso. Hasta ahora Washington sigue sin reconocer el robo ni ha informado a sus aliados qué armas le fueron hurtadas. Por el otro lado, ambas potencias desean poder continuar espiando y saboteando a las empresas y personas que les convenga.
En Hamburgo los países del G20 acordaron, además, combatir el financiamiento del terrorismo y su propaganda en Internet. Los europeos ambicionaban también acordar medidas para superar la crisis causada por la afluencia de centenares de miles de refugiados, pero sólo lograron vagas promesas de combatir el tráfico de personas. En este contexto de desunión, pocos atendieron al mensaje del Papa Francisco en el que pidió a los líderes mundiales que se hagan cargo de la miseria y las catástrofes naturales que provocan las masivas migraciones internacionales, que sean solidarios con quienes más lo necesitan y que resuelvan los conflictos pacíficamente. 
Desde el inicio la Cumbre se apartó del plan de viaje fijado por los organizadores alemanes: los temas políticos impusieron su peso sobre los económicos y ecológicos, las reuniones bilaterales ocuparon más tiempo que las multilaterales y hasta el plan de actividades para las y los consortes de los mandatarios debió ser alterado varias veces por los choques en las calles de la ciudad.
Para los europeos el único saldo de esta reunión ha sido que el G20 no se rompió. En cambio, el presidente de los Estados Unidos vuelve a casa sin haber hecho ni una concesión de importancia y después de haber legitimado –como quería- a su colega ruso como interlocutor privilegiado. No es extraño, entonces, que Xi Jinping haya intensificado sus lazos con Angela Merkel. 
La Cumbre no resolvió ningún problema y dejó una ciudad muy dañada. Las reuniones bilaterales, en cambio, fueron muy provechosas, pero profundizaron los alineamientos de las potencias en bloques. Ahora el paquete pasó a manos de Mauricio Macri, quien en 2018 debe organizar la reunión en Buenos Aires. Un paquete muy, muy pesado. «

viernes, 30 de junio de 2017

Trump sigue entregando el poder al Pentágono


Vigilados y en riesgo

Publicado: 29 jun 2017 17:14 GMT

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La decisión de Trump de delegar en el Pentágono la política de EE. UU. en Afganistán incrementa la posibilidad de que aumente el contingente estadounidense allí. En momentos en que el Estado Islámico se fortalece en el país de Asia Central y, cuando Rusia y China intentan negociar con el Talibán, para enfrentar la amenaza mayor y alcanzar la paz en la sufrida tierra, EE.UU. sigue queriendo meter una cuña en el centro de Asia.
Vean y escuchen en el programa de ayer "Detrás de la noticia" que Eva Golinger dirige en RT mi análisis de la decisión norteamericana de mandar más tropas a Afganistán y sus implicaciones internacionales: https://actualidad.rt.com/programas/detras_de_la_noticia/242897-mexico-vigilados-riesgo. https://youtu.be/Rl_Hn_w2tII

domingo, 4 de junio de 2017

La decadencia norteamericana nos afecta a todos

El ocaso de una gran nación en un mundo plagado de peligros
La decisión de Donald Trump de retirarse del Acuerdo de París es otro gesto en su batalla por despegarse de los aliados históricos de EE.UU. y ganar apoyo popular
Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
4 de junio de 2017
Donald Trump ganó las elecciones de noviembre pasado tronando contra la decadencia del poder norteamericano en el mundo. Para revertir esta tendencia, quiere retornar al proteccionismo y, como anunció el jueves, retirar a su país del Acuerdo sobre Cambio Climático de París signado por su antecesor Barack Obama en 2015. Con estas medidas, el mandatario intenta devolver a su nación su anterior posición dominante, pero el tiro puede salir por la culata. 
Mientras Trump anunciaba el retiro de su país del Acuerdo y la intención de renegociarlo o de buscar uno totalmente nuevo, la Unión Europea y China ratificaron este jueves y viernes en una cumbre en Bruselas su compromiso con el libre comercio y la reducción de las emisiones de carbono. El día anterior, en Berlín, la canciller Angela Merkel y el primer ministro chino Li Kechiang, abogaron por fronteras comerciales abiertas y por la concertada reconversión ecológica de sus respectivas industrias automotrices.
El primer ministro le garantizó a Alemania, además, el apoyo de China en la reunión del G-20 (la conferencia de los 20 países más desarrollados, incluso Argentina) prevista para el 7 y 8 de julio próximos en Hamburgo.
A partir de 2018 la industria automotriz china debe vender cada año más vehículos eléctricos. Como el país asiático es también el principal mercado para los automotores alemanes, las automotrices de ambos países aprovecharon la reunión para intensificar su cooperación. 
"Los efectos crecientes del cambio climático requieren una respuesta decidida", expresa la declaración conjunta de la Unión Europea (UE) y China dada a conocer el viernes. China es el mayor contaminador mundial de la atmósfera, pero recientemente ha encarado una enérgica política de reconversión ecológica de su industria, un magnífico negocio también para sus socios europeos. Por el contrario, Trump busca aumentar las exportaciones de bienes producidos con tecnologías viejas y reducir los costos medioambientales para recuperar porciones del mercado mundial. Antes de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático que se celebrará en noviembre en Bonn habrá, por lo tanto, duras negociaciones.
La visita de Li y la declaración conjunta coinciden con la posición pública de Merkel en el sentido de que los europeos deben tomar su destino en sus manos, porque ya no pueden confiar en Estados Unidos. También Rusia salió a apoyar el cumplimiento del acuerdo climático de 2015 en un comunicado de la Presidencia. 
La simultaneidad de la cumbre en Bruselas con el anuncio de Trump indica el desplazamiento producido en el poder mundial, pero también necesidades internas de los contendientes. En Gran Bretaña hay elecciones el próximo 8, en Francia el 11 y el 18 de junio, en Alemania el 24 de septiembre, en China se reúne en algunos meses el 19º Congreso del Partido Comunista y Trump necesita recuperar puntaje entre su electorado. Todos los líderes mundiales propenden, por consiguiente, a mostrarse enérgicos y decididos. Las verdaderas negociaciones vendrán después.
Para compensar la relación con China, la canciller alemana recibió el miércoles al primer ministro de India Narendra Modi. El país surasiático rehusó la invitación a participar en el reciente Foro de Beijing y Shanghai sobre la Ruta de la Seda (la construcción de puertos, rutas, gasoductos y otros tipos de infraestructura en más de 60 países de Asia, Europa y África), mas no busca aliados en EE UU, sino en Europa.
La única líder europea que no critica a Trump es Theresa May. Viendo peligrar su mayoría en la elección del 8, la primera ministra británica ha cerrado filas con el mandatario norteamericano para contrapesar a Alemania y Francia. 
El esquema diseñado al fin de la Segunda Guerra Mundial suponía que el Atlántico Norte sería un lago interior de la Alianza Occidental. Ahora ambas orillas del océano se distancian, pero no solo por responsabilidad de Trump. En múltiples ocasiones Washington actuó unilateralmente e impuso a sus aliados las consecuencias. Entretanto, China, Rusia, India y la Unión Europea acaudillada por Alemania se han convertido en potencias fuertes e independientes. Ahora el presidente norteamericano recluye a su país en sí mismo, para preparar una nueva ofensiva. Donald Trump no es el causante de la declinación de Estados Unidos, sino su emanación.
Se ha abierto un período de alianzas cambiantes y conflictos frontales entre las potencias en el que los países medianos y pequeños seremos las primeras víctimas. Gobiernos patriotas e inteligentes están reorientándose, para sobrellevar la nueva competencia hegemónica. El argentino, no. «
  



jueves, 1 de junio de 2017

El gobierno agravó los efectos de los acuerdos con China

Gracias a Macri el camino de la seda puede aplastarnos

China: un viaje fallido para despedir la gestión Malcorra. Los negocios del presidente con las empresas italianas de obras públicas y el conflicto que se abrió con el gigante asiático.

El Gobierno nacional presentó como un éxito el viaje a China que Mauricio Macri hizo hace dos semanas, pero fue un desastre que nuestro país pagará muy caro. Éste es el precio que afrontaremos porque el presidente antepone sus intereses a los del país.

La reunión del Foro del Cinto y la Ruta para la Cooperación Internacional sobre Infraestructuras y Transporte, realizada el 14 y 15 de mayo en Beijing y Shanghai avanzó en el programa anunciado por el Presidente Xi Jinping en 2013. Al encuentro asistieron representantes de 50 países. El BRI (por su sigla en inglés) se dirigía originariamente a vincular Asia, África y Europa mediante una red carretera y ferroviaria (el camino), por un lado, y una ruta marítima con sus respectivos puertos (el cinto que rodearía “la panza” de Asia), por el otro. No obstante, como cada vez más países se suman al programa, se piensa extender el programa a América Latina y Oceanía.

El plan originario preveía inversiones por 100 mil billones de dólares, pero China aprovechó la reunión para aumentar su aporte de $40 mil a $100 mil millones de dólares, por lo que se supone que el importe final será mucho más alto. Aprovechando la ausencia de EE.UU. la República Popular se presenta como campeona del globalismo, si bien basado en la multiplicación de relaciones bilaterales y equilibradas. Como demuestran las cuantiosas inversiones chinas en África Oriental, es verdad que Beijing no impone su voluntad a sus socios, pero la presión de hecho que ejerce su inmensa presencia económica y humana condiciona las débiles sociedades en las que se realizan las obras de infraestructura. Al mismo tiempo, sus socios africanos se financian con créditos chinos que aumentan su dependencia del gigante asiático.
No obstante este desbalance de poder, las diferencias pueden relativizarse con una política inteligente. Por ejemplo, antes de sumarse a BRI, Bolivia y Chile han resuelto incorporarse como socios capitalistas al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por su sigla en inglés), para de ese modo tener aunque sea un voto en los proyectos que se financien.

Sin mencionar específicamente a América Latina, el comunicado final de la conferencia sugirió extender el programa allende el mar y el presidente Xi declaró que esta incorporación sería “una extensión natural de la Ruta de la Seda del siglo XXI”.

Sacando las lógicas consecuencias de esta proyección, Filipinas propuso oficialmente este lunes 29 la construcción de un tercer Camino de la Seda que desde el sur de China llegue a nuestro continente por Chile.

Una cualidad especial del programa BRI es que, a diferencia de los proyectos habituales en la cooperación internacional, sólo se financian paquetes enteros por países o grupos de países y de manera paritaria, o sea que tanto China como sus socios asumen importantes riesgos financieros.

 
Beijing estima su inversión total en el programa en los 400 mil billones de dólares. Los socios deben poner otro tanto y, si no lo tienen, tomar créditos internacionales. Hasta ahora en muchos países imperó una suerte de confianza ciega en que, si China continúa creciendo, seguiría dando a sus socios préstamos a bajo costo, pero los dólares están empezando a escasear. La semana pasada Moody’s bajó la calificación de la deuda china argumentando que las crecientes deudas del gigante podrían hacerse ingobernables y que sus medidas para desinflar la burbuja financiera podrían paralizar la economía china y afectar la del mundo entero.

En estas condiciones, antes de firmar cualquier dirigente prudente analizaría los costos y los plazos de vencimiento de los créditos necesarios para llevar adelante la cooperación con China. No así el presidente argentino.

El embajador argentino en China, Diego Guelar, había pedido al Presidente que demorara su visita hasta septiembre, cuando se estima que estén prontos los informes de impacto ambiental sobre las represas en Santa Cruz acordadas en 2014 por Cristina Fernández, pero Macri no lo escuchó, porque quería participar en el foro. Por lo tanto, los chinos sólo se interesaron por la construcción de la planta de energía renovable Cuchari Solar, en Jujuy (un negocio personal de Gerardo Morales) y exigieron que Argentina siga adelante con las represas. Si no se construyen, se caen todos los proyectos acordados y nuestro país deberá pagar exorbitantes multas. Además, China ha endurecido sus condiciones para el otorgamiento de los créditos requeridos.
No es casual la oposición del presidente al proyecto santacruceño y su enojo por la planta fotovoltaica en la Puna jujeña. Del escándalo por las coimas de Odebrecht en Argentina, especialmente en el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, surge que el 50% de Iecsa pertenece desde 2007 al gigante italiano de la obra pública Ghella SpA, o sea, cuando se supone que Angelo Calcaterra la compró a Macri. La corporación italiana está activa en la construcción de carreteras, túneles, ferrovías, puentes… y represas y plantas de energía solar. Para obras públicas de estas dimensiones en Europa hay sólo dos fuentes de financiamiento disponibles: el fondo financiero de la Corona holandesa y los grandes inversores árabes, especialmente los de los Emiratos Árabes Unidos.

El gran capital financiero especulativo de la Península Arábiga invierte en una de las dos más grandes empresas italianas de construcción de infraestructura -con gran presencia en Venezuela y Argentina-, mientras Mauricio Macri insiste en traer al país el fondo soberano de Dubai. Obviamente, el principal socio de los italianos y los árabes en el país no desea que los chinos construyan a la vez las represas santacruceñas y la planta en la Puna.

Anteponiendo los intereses familiares y sus vínculos con capitales amigos Macri intentó violar los contratos firmados por Cristina Fernández, sin tener un plan B, pero China le cobró cara su impudicia y aventurerismo. Lástima que en las próximas décadas todos los argentinos pagaremos los costos de tanta angurria desenfrenada. Gracias a Macri el camino de la seda puede aplastarnos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Dimitiendo al jefe del FBI Trump concentra poder

Trump no es Nixon
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
14 de mayo de 2017
"A James Comey le conviene que no haya grabaciones de nuestras conversaciones", tuiteó el Presidente de los Estados Unidos (Potus, por su sigla en Twitter) a las 14,40 h (de Buenos Aires) del pasado viernes 12. Desde que el martes 9 despidió al Director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) sus advertencias han ido subiendo de tono. La mayoría de los observadores subrayan las similitudes entre esta crisis y el affaire Watergatede 1973-74. Sin embargo, Donald Trump no es comparable con Richard Nixon. Las apariencias engañan.
Cuando fue despedido, Comey conducía una investigación sobre posibles connivencias entre los funcionarios de la campaña electoral de Trump y Rusia. Según trascendió, el Presidente no estaba contento con el modo en que su equipo de prensa venía explicando su decisión de despedir a Comey y decidió abordar el tema con sus propias manos.
El argumento de la Casa Blanca para justificar el despido fue que Comey no era digno de confianza por el mal manejo que había hecho en 2016 de la investigación sobre el uso por Hillary Clinton de un servidor de correo electrónico personal para enviar mensajes con información clasificada, cuando era Secretaria de Estado de Barack Obama (2009-13). En el primer momento el Presidente y su equipo negaron que el despido tuviera que ver con su investigación sobre las relaciones de ellos con representantes rusos, pero, como el sucesor de Comey en la dirección interina del FBI, Andrew McCabe, dijo el jueves que sigue siendo "una investigación muy significativa", el Potus aceptó el desafío y denunció al jefe expulsado por "deslealtad".
La crisis presente es casi inédita: desde la creación del FBI en 1908 es la segunda vez en la historia que un presidente estadounidense despide a un director. La primera ocasión fue en 1993, cuando Bill Clinton destituyó a William Sessions acusándolo de faltar a la ética que debe mantener un funcionario de su rango.
No sólo demócratas, sino también algunos republicanos opinan que el súbito despido responde a que el mandatario quiere frenar las investigaciones y lo asocian con el escándalo Watergate. "Esto es nixoniano", declaró el senador demócrata Bob Casey. Esa frase se refiere a la noche del 20 de octubre de 1973, conocida como la "Masacre del sábado a la noche", cuando el Presidente Richard Nixon hizo renunciar al fiscal general Elliot Richardson y a su adjunto William Ruckelshaus por no obedecer la orden de despedir al fiscal especial Archibald Cox.
A mediados de octubre de 1973, este procurador había pedido formalmente al Presidente que le entregara las grabaciones de las reuniones que aquél había mantenido con su equipo en la Oficina Oval. De esas cintas esperaba obtener pistas sobre lo ocurrido en torno al escándalo Watergate. El suceso había empezado con la detención de cinco hombres por la intrusión en Washington el 17 de junio de 1972 en el complejo de ese nombre perteneciente al Partido Demócrata. El FBI encontró conexión entre los ladrones y dinero negro utilizado por el Comité para la Reelección del Presidente (CRP), la organización oficial de la campaña electoral de Nixon y el Partido Republicano. En julio de 1973, gracias a los testimonios de antiguos funcionarios y colaboradores del mandatario, las investigaciones del Comité Watergate del Senado de Estados Unidos revelaron que Nixon tenía en sus oficinas un sistema de cintas de grabación y que muchas conversaciones habían sido grabadas.
Nixon no sólo se negó a entregar los audios íntegros, sino que ordenó a su fiscal general, Elliot Richardson, el cierre de la oficina a la que Cox estaba adscrito. Richardson decidió renunciar antes de cumplir esa orden. Su reemplazante, el fiscal general adjunto Ruckelshaus, también presentó su dimisión. Fue entonces Robert Bork, el procurador general de EE UU, quien se quedó con el cargo y cumplió con la orden presidencial. No obstante, tras varias batallas legales la Corte Suprema de la Unión dictaminó por unanimidad que el presidente debía entregar las cintas a los investigadores gubernamentales, a lo que finalmente accedió.
Las grabaciones revelaron que el mandatario había tratado de encubrir el robo. Debido a que con casi total seguridad habría sido sometido a juicio político por las dos cámaras del Congreso, Nixon renunció a la presidencia el 9 de agosto de 1974.
El pasado 20 de marzo, el propio Comey declaró ante una subcomisión del Senado que el FBI estaba investigando los posibles nexos entre miembros del equipo de Donald Trump y Rusia. La catarata de dichos y contradichos abrió nuevos cuestionamientos a la credibilidad del Presidente, quien el miércoles mantuvo en la Casa Blanca un inesperado encuentro a puertas cerradas con el canciller ruso, Serguei Lavrov. Manejar a discreción el ritmo de las investigaciones sobre Rusia que el Congreso realiza por su cuenta parece una tarea cada vez más difícil para los republicanos. Con semejante ambiente de intriga y la perspectiva de otra batalla política para designar al próximo director del FBI, el gobierno puede sufrir atrasos en temas sensibles de su agenda.
Algunos analistas creen que el problema para el presidente está cada vez más en la débil lealtad de su propio partido. Comey es republicano y ayudó al triunfo del Potus difundiendo pocos días antes del 8 de noviembre pasado la copia de los mails de Hillary Clinton. Sin embargo, como la mayor parte del Partido Republicano, el ex director del FBI sólo adhirió a la candidatura triunfante en el último momento y estaría feliz si el Presidente fuera remplazado por el Vicepresidente Mike Pence, más leal al aparato.
A pesar de las aparentes similitudes, Trump no es Nixon. En 1973 el republicano estaba en su segundo mandato y, por lo tanto, sin poder ser reelecto. Era lo que en la jerga política norteamericana llaman "un pato rengo". A pesar de llevar nombre de pato, Trump se encuentra al principio de su primer período y con ganas de gobernar a su país ocho años más.
Nixon firmó en enero de 1973 los acuerdos de París por los que EE UU retiró en poco tiempo sus tropas de Vietnam. Estos acuerdos nunca fueron aprobados por el Senado. Finalmente, en octubre del mismo año se produjo la “Guerra de los Seis Días” entre Israel y sus vecinos árabes que, como medio de presión, suspendieron las ventas de petróleo, desatando la primera gran crisis económica mundial de la posguerra.
Es probable que Donald Trump haya mantenido tratativas ilegales con representantes rusos. También lo hizo Kissinger en aquella época. A diferencia de Nixon, empero, ante la presión el Potus se apoyó en los militares y se avino a intervenir en Siria, para delimitar su zona de influencia, aun arriesgando una crisis con Turquía.
A diferencia de 1973, finalmente, la economía está creciendo, el desempleo es bajísimo, EE UU prácticamente se autoabastece de hidrocarburos y la progresiva suba de las tasas de interés obra como una aspiradora que chupa dólares de toda la economía mundial.
Indudablemente la investigación sobre las relaciones entre el equipo de Trump y Rusia va a perturbar su gobierno durante varios meses, pero el Presidente tiene iniciativa y poder suficientes como para marcar la agenda con nuevos temas cada día. Éste puede ser el Watergate de los aparatos partidarios y mediáticos, no el suyo.



domingo, 23 de abril de 2017

El presidente de EE.UU. avanza hacia el desastre

Trump juega a la guerra también con Irán
En algún punto del globo, en algún momento va a desatar un conflicto en serio
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
23 de abril de 2017
No pasa semana sin que el gobierno de los Estados Unidos active algún conflicto internacional. El jueves pasado le tocó a Irán al que el presidente Donald Trump acusó de no estar cumpliendo el acuerdo sobre desarme nuclear que firmó con seis potencias en 2015. ¿Torpeza política, indecisión o calculado confusionismo? Los analistas internacionales se dividen entre estas tres interpretaciones sobre los juegos de guerra de la mayor superpotencia del globo. Cualquiera de las tres opciones puede llevar al desastre termonuclear.
No obstante la crítica, el martes pasado el secretario de Estado Rex Tillerson cumplió con su deber de informar al vocero de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, sobre la marcha del acuerdo. Lo hizo anunciando que Irán está cumpliendo lo estipulado, pero que el pacto será reconsiderado.
Nadie está feliz con lo estipulado, pero muchos reconocen que permitió negociar muchas cuestiones e impulsó el intercambio comercial norteamericano-iraní. Tillerson, en cambio, objeta que no se ha contenido la creciente influencia de Irán en Levante. Por el contrario, muchos expertos advierten que amenazar a Irán en el comienzo de su campaña presidencial favorece a los nacionalistas radicales que critican la "blandura" del presidente Hasán Rouhaní que busca su reelección.
Hay muchos indicios de que Trump resolvió de la peor manera el dilema entre su estrecho vínculo con Vladimir Putin, su alineamiento con Israel y sus negocios con los jeques de la Península Arábiga. Ahora se encolumnó detrás de la estrategia israelo-saudí.
La mayoría de los analistas descree que Trump vaya a retirar a EE UU del acuerdo nuclear, porque chocaría con aliados importantes que defienden su preservación, pero es probable que promueva una implementación más estricta. Al mismo tiempo buscará aumentar la presión sobre Irán por su programa balístico y sus intervenciones en Levante. Este endurecimiento de la relación con Teherán justificaría un mayor apoyo a Ryad en su intervención en Yemen.
Desde hace tres semanas, luego de un golpe de salón, las fuerzas armadas y la comunidad de inteligencia conducen sin tutela la política exterior de EE UU. Es previsible que aún pase cierto tiempo hasta que definan las prioridades. Las indecisiones y contradicciones están a la orden del día. Esta sería la primera explicación para la sucesión de crisis en distintos escenarios. También hay que contar con la torpeza del equipo presidencial que insiste en inmiscuirse en la política exterior. Sin embargo, hay una tercera posibilidad mucho más preocupante.
Entre septiembre de 1939 y mayo de 1940 Alemania hizo creer a Francia y Gran Bretaña que se expandiría hacia países menores y no los atacaría directamente. A este juego se lo llamó en francés drôle de guerre (la guerra falsa). Agudizando al mismo tiempo los conflictos con Corea y China, en Afganistán, Yemen y Siria, contra Venezuela y ahora Irán, Washington suscita el interrogante sobre dónde va a atacar en serio. ¿Se atreverá? Sería mejor que los países que quieren y necesitan la paz no especulen más y se unan para imponerla. «

Escuche también el reportaje que me hizo Eduardo Anguita en Radio Nacional: http://www.radionacional.com.ar/juan-buchet-corea-del-norte-es-una-amenaza-para-la-paz-mundial-desde-hace-mucho-tiempo/ 

lunes, 10 de abril de 2017

El giro de Trump puede provocar una gran guerra

El EI festejó en Suecia las bombas de EE.UU. en Siria
 por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
9 de abril de 2017

No es casual que el Estado Islámico (EI) haya cometido un atentado terrorista en Estocolmo un día después de que la Marina de los Estados Unidos bombardeara la base aérea de Shayrat, en el centro de Siria, con el argumento de que de allí habría partido el avión que el martes pasado lanzó gas sarín y cloro sobre JanSheikjun, en la provincia de Idlib, matando a 80 personas de los cuales once eran niños.

El grupo terrorista es el primer beneficiario del giro estratégico de Donald Trump. Los otros son el gobierno israelí y sus aliados árabes en la región, el aparato militar y de inteligencia norteamericano y, quizás, los desafectos al presidente Bashar al Assad en las fuerzas armadas sirias.

El Estado Islámico se apresuró a festejar el ataque norteamericano, atropellando a los paseantes que deambulaban por una de las calles más concurridas del centro de Estocolmo con un camión de reparto robado poco antes. Cuatro personas resultaron muertas y muchas más heridas.
 
Según la Casa Blanca, la US Navy bombardeó la base siria como represalia por la masacre de civiles en la aldea del noroeste, pero hasta ahora nadie pudo comprobar fehacientemente quién fue el autor del ataque con gas. Según Damasco, la contaminación se produjo, porque su aviación bombardeó un depósito de armas químicas que los islamistas habrían tenido en medio de una población civil. Si el propio Assad ordenó lanzar el gas en el noroeste, habría demostrado un sentido del suicidio político que le es desconocido. El presidente necesita la coalición internacional antiterrorista que Putin estaba organizando como el aire para respirar, y tanto el bombardeo como el castigo norteamericano han torpedeado la cooperación entre las grandes potencias para restaurar la paz en Irak y Siria.
 
También podría pensarse en una facción de las fuerzas armadas sirias que quiera cerrar a su presidente el camino hacia la victoria y la paz. O, quizás, un atentado de falsa bandera de la fuerza aérea israelí, para destruir el entendimientoentre EE UU y Rusia. Lo cierto es que en el Consejo de Seguridad de la ONU las potencias occidentales se apresuraron a acusar al gobierno sirio por el bombardeo con gas, sin ofrecer prueba alguna.

Como primera respuesta al ataque naval en la provincia de Homs, Rusia suspendió el sistema de mutua información con EE UU sobre vuelos en el espacio aéreo sirio, vigente desde que en octubre de 2015 comenzó su intervención en el país árabe. Por otra parte, señaló el portavoz del Ministerio de Defensa ruso en Moscú, por su complejidad y por la información que requiere, el ataque contra la base aérea tiene que haber estado planificado con mucha antelación. No fue resultado de una decisión repentina del presidente Trump.

Esta crisis mundial sobreviene, después de que la semana anterior el jefe del Consejo Nacional de Seguridad, el general Herbert McMaster, desligó a Steve Bannon, de toda responsabilidad sobre la Defensa. Editor del portal ultraderechista Breitbart y principal asesor de Trump, Bannon sigue trabajando en la Casa Blanca, pero el Pentágono y los servicios de inteligencia ahora se autogobiernan sin control político. A cambio de la concesión presidencial, el Congreso de mayoría republicana impuso el viernes al ultra Neil Gorsuch como miembro de la Suprema Corte.
 
Como Trump quiere seguir vivo y continuar como presidente, prefirió acatar el golpe de Estado y someterse al Partido Republicano. El Estado Mayor Conjunto, por su parte, retomó la alianza con Israel y las monarquías sunitas de la región, para destruir Siria como paso previo al ataque contra Irán, para así poder aislar a Rusia y cerrar a China el camino hacia el Oeste. Pero Assad tiene aliados poderosos y Trump no podrá vender tan fácilmente una guerra en Levante, después de haber pregonado el aislacionismo.  En la movediza geografía entre el Mediterráneo y el Tigris solo dos festejan: el "Califa" al Bagdadi, líder del Estado Islámico, y el premier Benjamín Netanyahu. «

jueves, 23 de marzo de 2017

La elección de Le Pen o Macron definirá a Europa

Francia: la puesta en abismo

A un mes de unas elecciones que pueden definir el futuro de Europa, los franceses oscilan entre Macron y Le Pen. Integración y economía, los ejes principales de unos comicios claves.
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Después del debate televisivo entre los cinco candidatos mejor posicionados para la primera vuelta de la elección presidencial francesa del próximo 23 de abril, Emmanuel Macron alcanzó en los sondeos a Marine Le Pen. Al otro lado del Rin, Angela Merkel debe haber suspirado de alivio, pero la decisión sobre el futuro de la integración europea no es la única opción sobre la que deben decidir los votantes galos. También está en juego el modelo económico y social y la posición ante la nueva ola proteccionista que viene de Estados Unidos. La complejidad de las decisiones pendientes carga una enorme responsabilidad sobre los hombros de las y los votantes. De la decisión de los franceses depende la suerte de Europa.

El sábado pasado el Consejo Constitucional confirmó que once candidatos disputarán la primera vuelta de la elección presidencial. Sin embargo, sólo cinco tienen chances de pasar al segundo turno a realizarse el 7 de mayo: Marine Le Pen (Front National, FN), Emmanuel Macron (En Marche!/¡En Marcha!), François Fillon (Les Republicains/Los Republicanos), Benoît Hamon (Parti Socialiste, PS), Jean-Luc Mélenchon (France Insoumisse/La Francia Insumisa).

La undécima elección presidencial de la Vª República fundada en 1958 tiene la particularidad de que, por primera vez, el Presidente no se presenta a un segundo mandato, aunque está habilitado para hacerlo. Sin voluntad de poder ni capacidad de convocatoria, François Hollande prefiere volver a su casa.
 
Por eso este lunes a la noche había tanta expectativa antes del primer debate que el canal oficial TF1 realizaría entre los cinco candidatos “mayores”. Hubo mucha polémica por la exclusión de los seis restantes, pero se justificó por el éxito de público y la complejidad de los temas a discutir. Además de la profundización de la unidad europea que Alemania reclama, el debate se ocupó de la discusión entre globalistas y proteccionistas acicateada por el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos y de la progresiva reducción de la tradicional intervención del Estado francés en la economía que algunos candidatos proponen.
Las encuestas posteriores al debate demostraron que, por primera vez en la campaña Macron superó a Le Pen y alcanzó el primer puesto en las preferencias del electorado. Mientras que el primero alcanzó ya el 25,5 por ciento, la segunda se estanca en 25 puntos. Es que, gracias al descenso de François Fillon, dañado por el affaire sobre el empleo ficticio de su esposa Penélope, y al escándalo que estalló la semana pasada porque el Ministro del Interior Guido La Roux habría empleado ventajosamente a dos hijas en la administración pública, Macron está cosechando votantes en el centroderecha y el centroizquierda.

El joven dirigente (39 años) había explicado las grandes líneas de su política en su libro Révolution (2012) en el que se presenta a la vez como liberal y de izquierda y propone una “tercera vía” (a la Tony Blair) que, por ejemplo, proteja a los asalariados y no el empleo. Quiere reducir el presupuesto del Estado en 60 mil millones de euros, 25 mil de los cuales sólo en los programas sociales. Otros 10 mil pretende ahorrarlos en el subsidio de desempleo.

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Emmanuel Macron es especialista en inversión bancaria. Trabajó y acabó siendo socio de la Banca Rothschild hasta llegar al Palacio del Elíseo como asesor económico del Presidente François Hollande. Entre 2014 y 2016 se convirtió en uno de los más jóvenes ministros de Economía de la historia reciente. Como corresponde a un alto funcionario francés, realizó su formación de posgrado en la Escuela Nacional de Administración (ENA) entre 2002 y 2004, una de las “grandes escuelas” en las que se recluta la elite francesa.

En su programa electoral Macron combina fuertes bajas de impuestos a las empresas y las personas físicas con recortes presupuestarios. Propone eliminar 120.000 empleos en las administraciones públicas, descentralizar la negociación de los contratos colectivos y sustituirlos progresivamente por leyes. También promete un régimen de “tolerancia cero” hacia la delincuencia, endurecer las penas de cumplimiento efectivo e incorporar 15.000 efectivos a las fuerzas de seguridad. Del mismo modo se propone flexibilizar el acceso a la jubilación según los oficios y profesiones.

Un capítulo especial de su plataforma se dedica al fortalecimiento de la Unión Europea, por lo cual fue especialmente bien acogido por la Canciller alemana, cuando visitó Berlín hace dos semanas. Para la protección “inteligente” del mercado europeo, el ex-ministro sugiere coordinar las políticas anti-dumping. Como complemento de la unión monetaria aboga por un presupuesto común de la zona del euro.
 
En el debate del lunes Marine Le Pen necesitó sólo un minuto y medio para acusar a la Unión Europea de frenadora de la iniciativa francesa, reclamar la independencia respecto a Bruselas, aplaudir el Brexit, acusar a Merkel de hegemonista y responsabilizar a la moneda común por la disminución de la producción industrial en la mayoría de los países europeos. Sus contendientes no le respondieron.

A casi cinco semanas de la primera vuelta electoral parece haberse perfilado ya la bipolarización entre Macron y Le Pen. El primero puede aumentar su potencial electoral sumando votantes conservadores y socialistas, mientras que la segunda parece haber tocado techo. No obstante, más allá del enfrentamiento entre pro y antieuropeístas, la líder nacionalista todavía puede apelar al miedo de muchos sectores populares a perder los subsidios y las ayudas sociales, al de las corporaciones locales que se quedarían sin el impuesto inmobiliario, al de los pequeños y medianos empresarios que reniegan de la hegemonía alemana y, en general, al resentimiento popular contra el “niño bien” salido de la ENA.

Como en junio se hacen también las elecciones legislativas, los candidatos presidenciales sazonan sus campañas nacionales con los problemas regionales y locales. Junto a Alemania, Francia es uno de los pilares de la construcción europea. Del rumbo que ella tome dependerá el futuro de la UE. Con tantos factores a considerar, cualquier error que un candidato cometa puede tener consecuencias internacionales funestas. El juego está abierto y recién el 22 de abril comenzará a definirse.

martes, 14 de marzo de 2017

Los militares empujan a Trump a un choque con Irán

El camino a una nueva guerra

Por la carencia de una política consistente el presidente norteamericano avala decisiones de los militares que pueden tener consecuencias desastrosas para el mundo.
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Después de 16 años de reiteradas y fallidas intervenciones en Levante y Asia Central los Estados Unidos están ahora incrementando aceleradamente su presencia militar en Afganistán, Siria, el Golfo y Yemen, sin que Donald Trump u otro responsable político haya fijado los fines y alcances de estas operaciones. El riesgo de una confrontación con Irán aumenta, pero después del levantamiento del embargo en 2015 la nación persa retornó al mercado mundial y tiene en Rusia y China poderosos aliados. Un ataque norteamericano podría desatar un conflicto mundial que nos involucraría por la presencia de fuerzas de EE.UU., autorizada irresponsablemente por el gobierno argentino.

Ante una comisión del Senado de EE.UU. el jefe del Comando Centro del Ejército (Centcom), el general Joseph Votel, anunció el jueves pasado que solicitará al Congreso la autorización para enviar próximamente más tropas a Afganistán, Irak y Siria. Aunque el gobierno aún no se ha expedido sobre el tema, se supone que apoyará el pedido del comandante.

El reclamo es parte de un súbito incremento de la presencia militar norteamericana en la región. La semana pasada cientos de efectivos fueron desplegados en el noreste de Siria para controlar a las milicias kurdas en la decisiva batalla que se acerca para la toma de Rakka, el centro administrativo del llamado Estado Islámico (EI). Al mismo tiempo la aviación estadounidense lanzó una nueva campaña de bombardeos contra Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) en el sur de Yemen.

Los jefes militares norteamericanos se esfuerzan por presentar el repentino aumento de su presencia entre el Mediterráneo y el Hindu Kush como la continuación de una política ya iniciada bajo el gobierno de Barack Obama, pero la velocidad con la que están interviniendo en numerosos frentes a la vez revela que han dejado de lado las cavilaciones que antecedían cada operación bajo el anterior presidente.
 
El aumento de la intervención militar en Yemen ejemplifica esta falta de política. Después de semanas de intensos bombardeos en el sur del país la guerra civil entre el norte apoyado por Irán y el sur sostenido por los sauditas sigue empatada. Como la acción aérea no ha estado acompañada de gestiones diplomáticas, nadie tiene idea hasta cuándo y dónde piensa seguir bombardeando la Fuerza Aérea de EE.UU. (USAF).

Sin dudas el general Votel cumplió con su deber, cuando el pasado jueves asumió ante el Senado su responsabilidad como comandante de la desastrosa operación de fuerzas especiales que el pasado 29 de enero terminó matando a 30 civiles y causó la pérdida de un oficial estadounidense en una aldea del sur de Yemen. Éste, empero, no es el tema. Alguien debe tomar la responsabilidad política y decir qué piensan hacer en la región y qué límites están dispuestos a respetar.

También en Siria las fuerzas norteamericanas se están involucrando en el conflicto sin planificación ni concepto y pueden producir una catástrofe. El viernes pasado las fuerzas turcas que actúan en el noroeste del país junto con milicias árabes anunciaron que durante la semana habían matado a más de 70 kurdos. Ankara identifica a los milicianos kurdos del norte de Siria con los guerrilleros que combaten dentro de su territorio, pero para Estados Unidos los milicianos kurdos son por su efectividad y control del territorio norte el mejor aliado en el norte de Siria, sobre todo ante la próxima batalla por Rakka. Los kurdos, a su vez, han declarado que están en condiciones de tomar la capital del EI sin ayuda externa, o sea que desprecian la ayuda norteamericana y rechazan toda colaboración con los turcos y el gobierno sirio.

Como los turcos y los kurdos -cada uno por su lado- están cercando en el noroeste la ciudad de Manbij, las tropas estadounidenses han debido colocarse en medio de ambos para que no choquen antes de la toma de la posición islamista. Al mismo tiempo se publicaron fotografías que muestran a oficiales rusos junto con milicianos kurdos equipados por Estados Unidos, o sea que Washington no puede confiar en ninguno de sus aliados.

Sin concepto ni plan los norteamericanos están aumentando vertiginosamente su presencia militar simultáneamente en Siria, el Golfo, Yemen y Afganistán. En todos estos frentes pueden chocar con fuerzas apoyadas por Irán y/o Rusia. Si Washington no define públicamente su política para la región, acciones irreflexivas de los militares pueden fácilmente producir reacciones difíciles de controlar que obliguen a Irán, Rusia y China a intervenir para proteger sus intereses y a sus aliados. Una escalada de este nivel podría tener consecuencias mundiales, por lo que es aconsejable que el gobierno argentino, que ha abierto tan generosamente cuarteles y bases navales y aéreas argentinas a tropas norteamericanas, intervenga para moderar en algo a su poderoso aliado.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Argentina no puede ser el "aliado privilegiado" de EE.UU.

Macri go home

A pesar de su autopostulación como “interlocutor privilegiado”, el gobierno argentino no encaja con la Casa Blanca y Trump lo empuja de vuelta hacia América Latina.
Foto: AFP
Foto: AFP

El gobierno de Mauricio Macri subió el 10 de diciembre de 2015 con el objetivo de alejar a Argentina de América Latina, alinearla con el proyecto globalista de Barack Obama y Hillary Clinton y ofrecerse como bisagra entre las zonas de libre comercio del Pacífico y el Atlántico. Catorce meses más tarde, la estrategia de Donald Trump para fracturar el mercado mundial en áreas comerciales dominadas por grandes potencias rivalizantes empuja a los conservadores argentinos de vuelta a su continente. Ahora bien, como este imprevisto y brutal retorno a nuestro entorno histórico les repele, el regreso se perfila como más desastroso aún que la ida hacia el globalismo.

Mauricio Macri se muestra mucho más cauto que hace unos meses cuando le preguntan por Donald Trump. Ya no dice que es un hombre “totalmente chiflado”. Entrevistado el pasado jueves 23 en Madrid por el fundador del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, prefirió definirlo como “un personaje particular” al que “hay que darle tiempo”. No obstante, dejó en claro en sus presentaciones que no comparte la visión proteccionista del nuevo presidente de los Estados Unidos y se presentó como un “convencido defensor del libre comercio”. También manifestó su voluntad de intensificar lazos con México y Brasil para coordinar posiciones en el G-20 y en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Del mismo modo, insistirá para impulsar la firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur.

Tanto globalismo no podía caer bien en Washington. 48 horas tardó la embajada de EE.UU. en Buenos Aires hasta sacar un comunicado de forma sobre la conversación telefónica que ambos mandatarios mantuvieron el pasado 14 de febrero. El informe tiene apenas tres líneas y media en las que consta que Trump destacó “las fuertes y duraderas relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Argentina”. Luego, subrayó “el liderazgo que el Presidente Macri está desempeñando en la región”. Como último punto menciona que el jefe de Estado fue invitado a visitar Washington “en los próximos meses”. La tardanza en publicar el comunicado y la insistencia -como único tema- en la valoración que Trump haría de Macri sugieren que varias llamadas de la Casa Rosada fueron necesarias para que la minuta saliera a la luz.
 
El gobierno de Cambiemos confió desde el inicio en “la lluvia de inversiones” y la apertura hacia el Acuerdo Transpacífico (TPP) que -en su cálculo- le permitiría jugar como bisagra hacia la Unión Europea y beneficiarse a dos bandas. Pero la llegada de Trump, la retirada norteamericana del TPP y su bloqueo a las importaciones de limones argentinos, combinados con la resistencia de varios países europeos a abrirse a las importaciones agropecuarias provenientes de nuestro país, así como la desconfianza generalizada con la que potencias y empresas europeas ven la capacidad de la resistencia popular para bloquear las políticas neoliberales han dejado a los conservadores a la intemperie. Ni los norteamericanos los cuidan ni los europeos les dan cheques en blanco.

Trump y Macri comparten la misma ideología reaccionaria. Ambos son hijos de empresarios exitosos que acrecentaron la riqueza y el poder de sus familias por métodos cuasi-mafiosos. Llegados al poder, los dos armaron gobiernos de CEOs y se presentan como ajenos a la política. Sin embargo, los ejecutivos de Trump buscan hacer nuevamente de Estados Unidos una potencia, mientras que los de Macri aumentan la riqueza de los capitales y monarcas extranjeros.

El gobierno argentino cometió el enorme error de inmiscuirse a favor de los demócratas en la campaña electoral norteamericana. Este error lo cobró ásperamente Ivanka Kushner Trump al meterse en la primera conversación que su padre y Macri mantuvieron el pasado 14 de noviembre después del triunfo del primero y reclamar a Macri que facilitara la construcción de una torre en Puerto Madero, a lo que éste accedió raudo.

El gobierno argentino insiste en su optimismo de oficio sobre el desarrollo de las relaciones con EE.UU., pero “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Mauricio Macri ganó las elecciones del 25 de octubre de 2015 como ejecutor de un plan de los fondos buitre, el J.P. Morgan, el HSBC y las coronas de Gran Bretaña y Holanda, para apropiarse de los recursos energéticos y mineros argentinos, entregar el Atlántico Sur a la marina británica y -golpe en Brasil mediante- alinear el continente con el globalismo. Sin embargo, la realidad le pegó una patada en la nuca. En vez de Hillary vino Donald y en lugar del libre comercio, la fractura del mundo en cotos de caza exclusivos de las grandes potencias. Argentina entró en el angloholandés, no en el norteamericano.

La expulsión del área comercial norteamericana y las persistentes barreras que bloquean el ingreso a Europa están devolviendo a los conservadores argentinos al ámbito del que nunca debieron salir: a América Latina. En los países mayores del continente, empero, no gobiernan patriotas con visión estratégica, sino mediocres reaccionarios que buscan un imperio al que someterse. Tanto Peña Nieto como Temer y Macri ansían acceder al mercado estadounidense, pero Trump impide su ingreso. Ante el cercano colapso los tres se ven forzados a coordinar su salida al mundo. La realidad los empuja a unirse defensivamente, lo que termina por alejarlos de todo acuerdo de libre comercio con potencias exteriores. Buscando a Estados Unidos, Mauricio Macri puede terminar por descubrir América Latina, pero de la peor manera.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Provocando a Irán Trump arriesga un conflicto grave

Jugar con fuego

Los halcones en la Casa Blanca quieren empujar a Irán a un enfrentamiento frontal. Pero en la apuesta arriesgan un conflicto mundial.
Foto: Sipa/AP
Foto: Sipa/AP

Cuando el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sea recibido hoy en Washington por el presidente Donald Trump, ambos mandatarios tendrán que moderar mucho su ambición de abandonar la política de “dos estados” para alcanzar la paz entre Israel y Palestina y su agresiva retórica contra la República Islámica de Irán. Es que, al forzar con sus revelaciones la renuncia de Michael Flynn, principal consejero de seguridad nacional del Presidente, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y el New York Times recordaron en voz alta que la política exterior norteamericana sólo puede hacerse en consulta con la comunidad de inteligencia.

Desde que el nuevo jefe de Estado asumió el 20 de enero pasado, viene gobernando en solitario y ha criticado rudamente a los servicios de inteligencia. La devolución la obtuvo el domingo pasado, cuando el New York Times dio a conocer la conversación que el general Flynn tuvo con el embajador ruso en EE.UU. antes del traspaso del mando. Esta información sólo pudo provenir de la NSA, que es responsable por las escuchas a todas las conversaciones que funcionarios relevantes mantienen con representantes extranjeros. La infidencia sirvió para recordar al presidente y el primer ministro que la política exterior norteamericana sólo se ejecuta en consenso entre la Casa Blanca y numerosas agencias, especialmente las de inteligencia.

El nuevo gobierno estadounidense ha estado provocando a Teherán para empujarlo a romper el acuerdo nuclear de 2015, con la esperanza de aplicarle renovadas sanciones económicas, antes de invadirlo y apropiarse de los mayores yacimientos de hidrocarburos del mundo. Sin embargo, si EE.UU. va al choque con Irán, corre serios riesgos militares, ya que puede toparse con Rusia y China y quedarse sin aliados.

Teherán probó el 29 de enero un misil balístico convencional de medio alcance de carácter defensivo que las autoridades de EE.UU. calificaron, no obstante, como “muy provocativo” y amenazaron con una “amplia gama” de medidas de respuesta. Como réplica, el presidente de Irán, Hasán Rohaní, avisó el viernes 3 que “cualquiera que se dirija a los iraníes con amenazas lo lamentará”. “Es mejor que tengan cuidado”, retrucó Trump por Twitter. El miércoles 8, por su parte, la revista neoconservadora online Breitbart (cuyo editor, Steve Bannon, es el jefe de asesores del Presidente) informó que una flota aliada bajo mando norteamericano había realizado la semana anterior una maniobra en el Golfo de Omán a 65 kilómetros de la costa iraní.
 
Washington provoca a Teherán también en Yemen, escenario de una guerra entre los rebeldes hutíes del movimiento Ansar Alá (del norte del país) y los partidarios del expresidente Alí Abdalá Salé, por una parte, y las fuerzas leales al en 2014 renunciado presidente Abdu Rabu Mansur Hadi, por otra. Desde marzo de 2015 éste último quiere reasumir el mando apoyado por una coalición liderada por los sauditas. Esta guerra ya ha costado 16 mil muertos (de los cuales 10 mil eran civiles) y ha privado al 20 por ciento de los 27 millones de habitantes de todo alimento.

La conflagración ha fortalecido a al Qaeda en la Península Arábiga que ha expandido su control territorial en el sureste desértico del país. Contra este grupo se dirigió el pasado 29 de enero una fracasada incursión de Seals, la fuerza especial de los Marines norteamericanos. Los yihadistas imbricaron a los atacantes en combates en casas donde murieron mujeres y niños y las imágenes de los masacrados recorrieron el mundo. El fracaso fue atribuido a Trump, que lo había ordenado en una cena con sus colaboradores más estrechos y sin más consultas. En Yemen el gobierno norteamericano está tratando de provocar un choque con los asesores iraníes de los rebeldes para sacar a Teherán de las casillas, pero con su impericia está fortaleciendo a la vez a los hutíes y a al Qaeda.

Donald Trump eligió a Irán como el objetivo de su “cruzada”, en primer lugar, porque la nación persa se ha convertido en una potencia regional de consideración que empata a la alianza saudita-israelí. Pero además el martes 14 se confirmó el hallazgo de enormes yacimientos de petróleo y gas natural en la suroccidental provincia de Juzistán, junto a la frontera iraquí, donde tienen previsto invertir la angloholandesa Royal Dutch Shell PLC y la francesa Total. Con el descubrimiento el país persa tiene reservas para 21 años. Como, por otra parte, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) lo ha autorizado a no reducir la producción de crudo, está exportando a los cuatro vientos, lo que provoca la actuada irritación“ de Washington que teme por la baja del precio de sus propias empresas. No obstante, Trump está aún más molesto por la irrupción de los europeos en la industria petrolera iraní donde Chevron y Exxonmobil pensaban hacer su agosto.

Cuando le preguntaron sobre posibles represalias militares contra Teherán, el presidente afirmó que “no se descarta ninguna opción”, pero si EE.UU. ataca a Irán, Rusia y China seguramente sostendrán a su principal aliado regional, mientras que los principales países europeos no abandonarán a tan prometedor socio. Puede que Washington sólo esté queriendo forzar a Teherán a hacer mayores concesiones, pero los iraníes están fuertes y no van a ceder. Si el gobierno norteamericano insiste, puede sufrir una grave derrota y provocar un gran conflicto mundial. Es de esperar, por lo tanto, que el Presidente se acuerde de consultar a la comunidad de inteligencia.

domingo, 15 de enero de 2017

Los tropezones de la revolución conservadora

Trump comienza a pagar las facturas que llegan por su retórica de campaña
 Antes de asumir el próximo viernes, el magnate ya enfrenta un grave conflicto diplomático con China. Adem´s, sus asesores y secretarios lo contradijeron en temas centrales
 Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
15 de enero de 2017

Donald Trump ganó la elección del 8 de noviembre pasado con una agresiva retórica nacionalista, xenófoba y misógina. Triunfó sin equipo y con un programa limitado. Pretendía, y pretende, hacer la revolución conservadora, pero los Estados Unidos no están solos en el mundo y los secretarios que rejuntó para completar su gobierno juegan cada uno para su equipo y ninguno para la selección.

El pasado viernes China advirtió extraoficialmente a través del periódico Global Times que si EE UU intenta impedirle el acceso a las islas artificiales que construyó en los últimos años en el Mar Meridional, habrá guerra. El conflicto data de hace algunos años, cuando Barack Obama intentó cercar al gigante asiático por el sur. Este respondió construyendo las islas para instalar allí bases militares y afianzar su soberanía sobre el Mar Meridional. Además de que Trump durante la campaña electoral tronó repetidamente contra la invasión de productos chinos, su designado Secretario de Estado, Rex Tillerson, prometió el pasado martes 10 en la audiencia para su confirmación que impediría a China acceder a las islas. El grave furcio diplomático es producto de la improvisación del equipo que acompañará al nuevo presidente a partir del próximo viernes 20.

La Constitución estadounidense diferencia entre los miembros del Gabinete presidencial que deben ser ratificados por el Senado y aquellos cargos que el Presidente puede ocupar con personal de confianza. Entre estos últimos el más importante es el de Jefe de Asesores, para el cual Trump designó a su yerno Jared Kushner, de 36 años, esposo de su hija Ivanka. Artífice del triunfo electoral de su suegro, Kushner es su persona de mayor confianza.
También sin necesidad de ratificación, Steve Bannon fue nombrado como Jefe de Asesores de la Casa Blanca. El nuevo consejero fue hasta hace poco editor del sitio web Breitbart, plataforma de la ciberderecha (“alt-right"), un movimiento blanco nacionalista, racista y misógino.

A su vez, como Asesor en Seguridad Nacional el mandatario eligió al general retirado Michael Flynn quien entre 2011 y 2013 dirigió la Agencia de Inteligencia para la Defensa. Prestigioso oficial de inteligencia, después de retirarse se desempeñó como lobista de empresas rusas y turcas.

Para la Jefatura del Gabinete, finalmente, fue nombrado Reince Priebus, presidente del Comité Nacional Republicano y uno de los pocos dirigentes partidarios con buenas relaciones con el presidente electo. Tiene asimismo buenos lazos con el republicano presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan, lo cual facilitará la relación con los republicanos en el Congreso.

Mientras que el equipo de asesores está compenetrado con las ideas del Presidente, aunque carece de muchos conocimientos específicos –entre otros, los internacionales-, los principales secretarios de departamentos gubernamentales oídos en el Senado han desentonado fuertemente.

El Secretario de Estado confirmado es Rex Tillerson, que entre 2006 y 2016 presidió ExxonMobil. Los medios criticaron duramente sus lazos con Vladimir Putin y sus críticas de 2014 a las sanciones contra Rusia. Sin embargo, durante la audiencia Tillerson se defendió exitosamente de las acusaciones de simpatía prorrusa y expresó su adhesión al Acuerdo Transpacífico de Comercio (TPP) que Trump rechaza. No obstante, su amenaza contra China demuestra cuán unilateral es su formación. Puede ser que se entienda bien con estados productores de hidrocarburos, pero carece de sensibilidad para tratar con el gigante asiático.

Por su parte, el nuevo secretario de Defensa James N. Matti es un teniente general retirado del Ejército que dirigió entre 2010 y 2013 el Comando Conjunto Centro. Dado el despliegue mundial de las fuerzas armadas, las opiniones políticas del Secretario de Defensa son relevantes. Mattis apoya la convivencia de un estado judío y otro palestino y critica la actual política israelí, piensa que Irán es la mayor amenaza para Medio Oriente y cuestiona el acuerdo nuclear con ese país. También elogió vivamente a la OTAN, pero no tiene idea de qué hacer en Asia Oriental.
Por su lado, Jeff Sessions será el nuevo Fiscal General. Sessions es partidario de no legalizar a los 12 millones de inmigrantes de hecho que viven en el país y de reducir aún más la inmigración legal, se opuso a la introducción del femicidio como figura penal, es radicalmente antiabortista y descree del cambio climático. Consecuentemente, su audiencia en el Senado duró dos días y estuvo jalonada de protestas populares.

En tanto, John Francis Kelly, nuevo secretario de Seguridad Interior, es un general retirado de la Infantería de Marina, que sirvió como último destino como jefe del Comando Sur con sede en Miami. Kelly rechazó que el planeado muro en la frontera con México sirva para frenar la inmigración.

Todos los auditados entre martes y jueves se opusieron a la reintroducción de la tortura, al registro de los musulmanes, apoyaron el informe de inteligencia sobre los ciberataques rusos y consideraron a Moscú un riesgo especial para la seguridad de Estados Unidos, pero omitieron referirse a China. El gobierno de Donald Trump comienza con serias contradicciones internas y graves falencias en su visión internacional. El presidente electo pretende modernizar el Estado y la economía con métodos reaccionarios, pero no le basta con asesores leales: necesita un equipo de gobierno coherente que no meta goles en contra y se ubique en un mundo multipolar. «

Girando el foco de la relación con el mundo

La política exterior de Donald Trump pretende reducir y racionalizar las intervenciones de EE UU en el mundo, para controlar la producción mundial de hidrocarburos y defender la propia área de influencia internacional. La única motivación ideológica es el apoyo a Israel, aunque al mismo tiempo busca una coexistencia pacífica con Rusia. Al comparecer ante el Senado, para que ratifique su designación, el nominado secretario de Estado Rex Tillerson(ex ExxonMobil) explicó la futura política exterior. La audiencia se concentró en el informe de las 17 agencias de inteligencia sobre los ciberataques desde Moscú para favorecer la elección de Trump. Tillerson consideró "preocupantes" las informaciones y anticipó que mantendrá las sanciones contra Rusia, a la que criticó también por la anexión de Crimea en 2014, aunque reprochó que previamente no se hayan desplegado tropas allí. También defendió la presencia de la OTAN en el este de Europa. Por otro lado, confirmó la dureza de Trump sobre las relaciones con China. Asimismo, Tillerson aprovechó su comparecencia para rebajar la tensión con México al que mencionó como "un viejo amigo". Trump sustituirá el multilateralismo demócrata por acuerdos bilaterales de comercio e inversión y “secará” el mercado mundial absorbiendo dólares para financiar las prometidas inversiones en infraestructura. Es dudoso que tanto unilateralismo sea factible, pero el empresario-presidente está acostumbrado a apostar fuerte para después negociar. Habrá que ver quién lo para.

¿Otra oportunidad perdida?

Argentina es importante para EE UU cuando en nuestro país hay gobiernos populares que pueden soliviantar al resto del continente pero, cuando en la Casa Rosada acampa una tropa afín al Imperio, nuestro país solo interesa por sus recursos energéticos y minerales, por el Acuífero Guaraní y las riquezas del mar periantártico, quizás por algunas inversiones inmobiliarias y como posta para la bicicleta financiera global. Nuestro país es una colonia angloholandesa y EE UU lo respeta. Lo demuestran los viajes periódicos de la reina Máxima entrando y saliendo por algún aeropuerto desconocido y la pleitesía que le rinde el presidente Macri, el reconocimiento de la soberanía británica sobre Malvinas por la ministra Malcorra, la base clandestina de Joe Lewis en la Patagonia y los honores al ex rey de España, testaferro de los fondos financieros angloholandeses titulares de las prestadoras españolas de servicios públicos. Barack Obama presionó brutalmente, hasta someter a Argentina. El gobierno de Donald Trump, por el contrario, amaga con desentenderse de América Latina, mientras sus negocios florezcan. El control sobre Argentina quedaría primordialmente librado a la sagacidad de los monarcas europeos y sus gerentes locales. El Reino Unido y los Países Bajos son fuertes por su poder financiero y militar, pero más poderosos por el servilismo de los gobernantes y la miopía de los opositores. Si Washington mira para otras latitudes, tendremos la chance de recuperar independencia. ¿Sabremos aprovechar la oportunidad?