martes, 9 de agosto de 2016

EE.UU. presiona para controlar las fuerzas de seguridad

Gerentes de empresas estadounidenses, la Canciller y el Presidente en la agenda de John Kerry


El Secretario de Estado de los EEUU y la Ministra Malcorra, Susana enel tratamiento que le dio el visitante durante una conferencia de prensa, pusieron en marcha una agenda sobre seguridad, comercio e inversiones

Por Eduardo J. Vior

En medio de una campaña presidencial con final abierto, cuando el dinero del narcotráfico trae problemas tanto en Estados Unidos como en Argentina, mientras en Brasil no se resuelve la crisis de gobernabilidad y la crisis diplomática con Venezuela amenaza con romper el Mercosur, la visita que el Secretario de Estado norteamericano John Kerry realizó a la Argentina el jueves y viernes pasados, antes de seguir viaje para Rio de Janeiro, tuvo visos de una inspección del gerente general en una sucursal conflictiva.

El Secretario de Estado estuvo en Buenos Aires 36 horas, el tiempo suficiente como para (en este orden) hablar ante la Cámara de Comercio Argentino-Estadounidense (el poder empresario actual), dar una conferencia de prensa con la Canciller Susana Malcorra y reunirse finalmente con el Presidente Mauricio Macri a quien anunció la entrega de un primer paquete de documentación desclasificada sobre las relaciones entre EE.UU. y Argentina en la época de la dictadura cívico-militar 1976-83.

Después de la reunión con Malcorra el Secretario de Estado norteamericano dijo que “se habló de los esfuerzos de cooperación en materia de seguridad, mantenimiento de la paz y para combatir el crimen organizado y el narcotráfico”. O sea, dos temas de seguridad interior que enmarcan una intervención en algún país. ¿En Venezuela?
Es llamativo que el Secretario haya dado una conferencia de prensa con la canciller antes de reunirse con el Presidente. Significativamente la llamó “Susana”, como para indicar el grado de confianza personal que se tienen. La calificación, en la misma conferencia, de Argentina como “líder regional” fue una cachetada a Itamaraty ante el desgobierno que azota a Brasil. Por supuesto, no faltó el respaldo a las contrarreformas neoliberales del gobierno de Cambiemos. Ante los gerentes de empresas norteamericanas advirtió en la mañana del jueves que “el pueblo debe tener paciencia.”

Como resultado institucional de su visita, Kerry y Malcorra pusieron en marcha el Diálogo de Alto Nivel con una agenda sobre seguridad, comercio e inversiones. Como parte de la misma el Secretario anunció que se otorgarán 1,5 millones de dólares para la cooperación en seguridad y la reforma de la Justicia penal, especialmente para mejorar el control de fronteras y de los aeropuertos, prevenir el lavado de dinero, para la lucha contra el terrorismo y para reducir la demanda de drogas ilegales.

Los resultados de su visita parecen haberse concentrado en “la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”. En el contexto del Cono Sur, cada vez que ambos términos se ponen en la agenda diplomática se está pensando en las Tres Fronteras entre Argentina, Brasil y Paraguay. En esa región –donde el Acuífero Guaraní atraviesa una garganta subterránea que lo hace fácilmente controlable- viven alrededor de 80.000 inmigrantes sirio-libaneses y sus descendientes. La mayor parte de esta riquísima comunidad vive en la brasileña Foz de Iguazú y trabaja en la paraguaya Ciudad del Este y es de confesión chií, pero también hay muchos suníes y, entre ellos, algunas células “dormidas” de terrorismo islamista sostenido y apoyado por los servicios secretos de algunos países del Golfo Arábigo y tolerados por la policía paraguaya y sus tutores estadounidenses.

Como en Paraguay rige el más absoluto libre comercio, es muy fácil comprar armas (hasta de guerra) en los centros comerciales de Ciudad del Este y recibirlas a domicilio en cualquier ciudad de la región. Tampoco hay restricciones al lavado de dinero ni al tráfico de drogas. El intercambio con Brasil por el Puente de la Amistad está garantizado y de allí a Sao Paulo son sólo 1100 km. Buenos Aires, en tanto, dista 1400. Desde hace años funciona en las Tres Fronteras el llamado Comité 3+1 (los tres países linderos más un delegado estadounidense) que se reúne mensualmente para intercambiar información de inteligencia. En la zona comprobadamente operan tropas norteamericanas. Desde que asumió Macri se habla de formalizar su presencia con una base en territorio argentino.
Dos temas más de la agenda suramericana urgieron la visita del Secretario. De acuerdo a la normativa del Mercosur, a Venezuela le habría correspondido a principios de julio asumir por seis meses la Presidencia del bloque. Sin embargo, la resistencia sectaria de Argentina, Brasil y Paraguay, con la sola objeción de Uruguay, se niega a conferirle ese derecho. Paraguay propone que el mandato pase a Argentina, mientras que el (des)gobierno de Michel Temer pretende excluirla de la asociación. Más sensatamente, la Canciller Susana Malcorra propone la formación de un triunvirato con un representante de la presidencia anterior, presidido por el nuevo (Venezuela) y flanqueado por el próximo. Se trata también de una violación de las reglas, pero más suave que la posición brasileña.

En segundo lugar, la inestabilidad interna de Brasil deja vacante el liderazgo regional. Después del golpe institucional contra la Presidenta Dilma Rousseff el gobierno reaccionario carece del el apoyo de varios factores de poder, entre ellos el Ejército, que, si bien no es precisamente pro-PT, mantiene reservas nacionalistas contra la política ultraneoliberal de los golpistas, en primer lugar contra la proyectada privatización de Petrobrás.
 
En plena campaña electoral y con perspectivas indecisas, el Presidente norteamericano aprieta el acelerador para crear hechos que un eventual Presidente Trump no pueda revertir. La ocupación de las Tres Fronteras tiene importancia estratégica, para regular los flujos internacionales de drogas y armas y las ganancias que las mismas producen. Al mismo tiempo Washington quiere mantener el control directo sobre las células islamistas “dormidas” que están refugiadas entre Foz do Iguazú y Ciudad del Este. Para ello, las instalaciones del Regimiento 12 de Infantería de Monte, en las afueras de Puerto Iguazú, son un buen atalaya. Hay demasiados tornillos flojos. Para ajustarlos vino John Kerry.

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Eduardo J. Vior