domingo, 4 de mayo de 2014

La guerra civil ucraniana implica a sus vecinos occidentales



Transnistria impide cerrar el cerco contra Rusia

El enclave rusohablante autónomo en la faja oriental de Moldavia es un instrumento de Moscú para resistir las maniobras tendientes a asfixiar y dividir su país
por Eduardo J. Vior
Si Ud. siente nostalgias por la desaparecida Unión Soviética, visite Transnistria. En esta angosta faja territorial entre el río Dniéster y la frontera ucraniana encontrará por todas partes la hoz y el martillo, también en la bandera del autoproclamado Estado independiente. El parlamento se llama Soviet Supremo y la policía de seguridad, KGB. Sin embargo, no se trata sólo de un fósil de la ex URSS, sino de una pieza geopolítica central, con la que Rusia aspira a romper el cerco norteamericano en su torno.
Transnistria (también “Transdniéster”, “Transdniestria” o “Cisdniéster”) es un territorio separatista ubicado entre el río Dniéster y la frontera oriental de la República de Moldavia con Ucrania. Hasta 1940 esta faja era una región autónoma dentro de la RSS de Ucrania. Después de que tras la derrota nazi la región rumana de Besarabia fue definitivamente integrada a la URSS como RSS de Moldavia, Stalin le transfirió esta faja de 4.163 km2 al Este del Dniéster. Desde su declaración de independencia en 1990 y especialmente después de la Guerra de Transnistria en 1992 que dejó 700 muertos, se llama República Moldava Pridnestroviana (RMP, también conocida como “Pridnestrovia”), un Estado no reconocido al este del Dniéster, incluyendo la ciudad de Bender y sus localidades circundantes al oeste del río. La República de Moldavia no reconoce la secesión.
Transnistria es de hecho de un Estado independiente, organizado como una República presidencial, con gobierno, parlamento, ejército, policía, sistema postal y moneda. También tiene una Constitución, bandera, himno nacional y escudo. Su capital se llama Tiraspol (de “Tyras”, nombre griego del río Dniéster, y “Polis”). En el territorio permanence estacionado desde los tiempos soviéticos el 14° Ejército ruso. Transnistria tiene la mayor parte de la infraestructura industrial (ligera) de Moldavia, pero su desarrollo está limitado por el aislamiento internacional. Según el Censo de población de 2010 la República tiene 518.700 habitantes, compuesta por 300.000 rusos y respectivamente 100.000 ucranianos y moldavos. A pesar de esta composición en el referendo de 2006 el 97% votó por la incorporación a la Federación Rusa. Entonces Moscú no hizo ningún gesto, pero desde que estalló la crisis ucraniana el canciller ruso Sergei Lavrov propuso varias veces negociar la neutralización y federalización de Moldavia con amplia autonomía para Transnistria.
Aunque las elites en Kiev y Kishinau necesitan del enclave autónomo para sus negocios de contrabando, tráfico y trata, ante el riesgo de invasión conjunta de nacionalistas ucranianos y moldavos las tropas rusas estacionadas en la región se encuentran en máxima alerta. Transnistria no es Crimea; es parte de un Estado con fronteras jurídica e históricamente consolidadas y sin continuidad territorial con la Federación Rusa, aunque, si más ciudades a lo largo del Mar Negro se pliegan a la resistencia contra Kiev, se establecería un corredor entre Crimea y Transnistria y la estrategia rusa podría variar. Después de la crisis de Crimea, Ucrania trasladó la principal base de su Armada de Sebastopol a Odessa, en tanto la ciudad de Mykolaiv, y dentro de ella el puerto de Oktyabrsk, en la práctica bajo el control ruso, constituyen un nudo de transportes crucial para la exportación de armas de Rusia y Ucrania a países como Siria.
El aumento de las tensiones entre Tiraspol y Kishinau a lo largo de 2013 advierte sobre lo que puede pasar en el futuro próximo. El año pasado, Tiraspol reforzó su poder en Bender, una ciudad en la zona de nadie junto al río Dniéster que en teoría sería administrada por una Comisión Conjunta multinacional, pero en la práctica es controlada por Transnstria. En junio de 2013 su gobierno dictó una ley sobre las fronteras de la República secesionista reclamando más territorio. Además su Presidente, Yevgeny Shevchuk, inició una aproximación legal a Rusia mediante varios cambios constitucionales. Representantes de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) declararon a mitad de abril que en mayo se tendrían nuevas negociaciones tripartitas entre Moldavia, la RMP y Rusia, para reglar pacíficamente la cuestión, pero si la OSCE continúa siendo usada parcialmente por EE.UU. y Gran Bretaña, es previsible que las negociaciones fracasen.
Desde el golpe de estado en Ucrania en febrero pasado Rusia implementa una amplia estrategia defensiva, para evitar la instalación de fuerzas de la OTAN en la base de su territorio europeo. Esta estrategia tiene necesariamente efectos negativos sobre los intereses de algunas elites nacionalistas locales que esperan grandes prebendas de la profundización de su asociación con la Unión Europea. Para la estrategia regional de EE.UU. es vital cerrar el cerco en torno a Rusia, como paso previo a la desestabilización y partición de su enemigo histórico. En este choque de colosos las pequeñas tiras territoriales pueden adquirir gran importancia.

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Eduardo J. Vior